“Si pudiera armar un restorán de cero quedaría imponente”.  La idea estaba cargada de entusiasmo, inconciencia y principalmente mucha ilusión. Nos contagió a todos. Pero no dejaba de ser una idea. Por momentos tomaba forma y parecía llegar a tener pinta de proyecto, pero después quedaba quieta. En algún momento llegó el cansancio. Cansados de pensar lo que podríamos haber hecho, decidimos hacerlo. 

 

La idea de poner un restorán no es original, la idea es hacerlo bien. No queremos que se pida cada uno un plato, queremos que prueben muchos, por eso ajustamos la ración al de un plato de degustación. Pueden decirle tapa si quieren. Cada vino que hay en la carta fue producto de una larga discusión, cada canción que van a escuchar viene de una playlist premeditada con un preocupante nivel de detalle, cada cuadro que hay colgado lo hizo el marido de nuestra prima ignorando el destino de su obra. Queremos que la pasen bomba, queremos que coman muy bien, queremos que se rían, que discutan, que conversen, queremos que se sientan cómodos, queremos que compartan bruta noche, queremos que vuelvan. Esa es la idea.